INCENDIOS Y EXPLOSIONES EN LA INDUSTRIA ALIMENTARIA

Son muchas las empresas del sector alimentario que, cuando se produce un incendio o explosión en el seno de sus instalaciones, intentan ocultar a la luz pública lo sucedido. Después de todo, ¿a qué clase de compañía le gustaría que relacionasen su última bebida refrescante o su nuevo aperitivo con explosiones, incendios y todos los factores negativos que este tipo de siniestros lleva asociado? Por normal general, este tipo de sucesos sólo se hacen públicos cuando son tan grandes que las autoridades públicas deben intervenir.

Desgraciadamente, este tipo de ocultaciones son negativas ya que saber qué se ha hecho mal, cuándo ha sucedido y qué consecuencias ha causado un siniestro, es de gran ayuda a la hora de prevenir posibles explosiones e incendios futuros, evitando así posibles males mayores, como por ejemplo que un gran siniestro deje inutilizable la planta industrial, con la consiguiente pérdida económica asociada a la parada de la misma.

¿Qué es lo que se sabe hasta la fecha sobre las explosiones e incendios en el sector de la industria de los alimentos? En primer lugar que, se trata del sector donde se registran más explosiones. De hecho, cerca del 30% de todas las explosiones que se producen en instalaciones industriales están relacionadas directamente con los alimentos. Este hecho contrasta con las características ignífugas de muchos de los productos de la industria de los alimentos, los cuales arden con mayor dificultad que los productos y subproductos de la industria farmacéutica. Así, la energía mínima de ignición del azúcar, la leche en polvo o la harina es de 30 mJ y 50 mJ respectivamente. El paracetamol en cambio tiene una energía de 10 mJ. Sin embargo, la clave sobre dicha cuestión está en la cantidad. Las materias primas utilizadas en la industria alimentaria se almacenan en cantidades mucho más grandes que la farmacéutica, por lo que los efectos/ocurrencia de explosiones e incendios es mayor.

Una vez se han identificado los peligros potenciales del proceso, se deben tomar las pertinentes medidas de prevención de incendios y explosiones. De esta manera, es necesario poner especial hincapié en aquellas fuentes de ignición más impredecibles, tales como, las chipas producidas por la electricidad estática o la fricción, así como otras más obvias, como pudieran ser superficies calientes y fallos eléctricos.

Además de las medidas preventivas, se requieren medidas de protección en todas aquellas situaciones donde puedan darse nubes de polvo inflamables. En este sentido, actualmente se usan principalmente válvulas de alivio, aunque a medida que la seguridad va cobrando más y más importancia, se van implementando otras medidas de protección más avanzadas, muchas de ellas empleadas ya en la industria química. Esto incluye los supresores químicos de explosiones, el uso de encamisados para tanques que sean capaces de contener sobrepresiones e incluso, el uso de gases inertes.

Finalmente, es importante señalar que independientemente de las medidas preventivas y de protección que se hayan identificado en una auditoría, éstas no sirven si no se implementan, instalan y mantienen correctamente. Y es que lamentablemente es muy frecuente encontrarse con toma de tierra rotas, puertas contra explosiones mal soldadas y sistemas de supresión de explosiones con un mal mantenimiento. De hecho, la mayoría de los informes de seguridad están repletos de ejemplos donde se descubre que las medidas de protección adoptadas por las empresas no están implementadas correctamente debido a fallos en la gestión. Y es que resulta evidente que entrenar al personal para que entienda los riesgos de un posible incendio/explosión es también muy importante.