LA EVAPORACIÓN A SEQUEDAD EN PERFUMES COMO POSIBLE CAUSA DE INCENDIOS DOMÉSTICOS

La industria de la perfumería y cosmética utiliza en sus procesos de fabricación las esencias obtenidas sintéticamente a escala industrial.

El producto de síntesis más utilizado es el ACETATO DE BENCILO. Es este éter el componente principal de varias esencias, entre ellas el jazmín (65%), gardenia (60%), jacinto, etc.

La síntesis industrial de este producto se realiza mediante la esterificación del alcohol bencílico y el anhídrido acético, en presencia de acetato sódico que actúa como catalizador.

La extracción del producto se realiza con éter. Esto conlleva que dicho producto se encuentre presente en cantidades variables con el acetato de bencilo en la elaboración de los perfumes.

De todos es conocida la gran  volatilidad del éter, pero se olvida y con frecuencia que sus vapores son más densos que el aire (2,5 veces), lo que se traduce en la dificultad de dichos vapores en abandonar un pequeño recipiente que suele encontrarse en posición vertical y cerrado.

La difusibilidad de los vapores del alcohol que suele acompañar a estos perfumes y su menor densidad con respecto al aire, hace que en un espacio de tiempo prolongado la concentración de éter aumente dentro del recipiente.

Este éter, en contacto con el aire que puede haber en la cámara del frasco, se oxida parcialmente formando un peróxido o eteróxido.

Precisamente es la presencia del alcohol la que protege al éter de la peroxidación, por lo que el problema se presenta cuando por alguna circunstancia este alcohol se ha evaporado.

Rieche y Meister estudiaron en 1936 la formación de estos peróxidos. Este peróxido formado no es volátil.

Si se dan las circunstancias para que la evaporación continúe lentamente, el peróxido forma un residuo sólido que estalla violentamente.

Los productos de dicha explosión son varios, y no siempre los mismos, siguiendo mecanismos y procesos diferentes.

Obviamente, la cantidad de peróxido formada es pequeña, por lo que la explosión apenas es perceptible, manifestándose la mayoría de las veces con la rotura del frasco de cristal.

No obstante, si el recipiente se encuentra en un lugar no adecuado y rodeado de sustancias con un punto de ignición bajo, se puede desencadenar un incendio.

Esta situación se da cuando algunas personas guardan perfumes que no van a utilizar  por su rareza o recuerdo que entrañan en cajones rodeados de prendas sintéticas.

El fenómeno puede agravarse, ya que los peróxidos son los principales catalizadores en las reacciones de adición, con lo que pueden producirse radicales libres dando lugar a reacciones en cadena.

En 1932 Staudinger propuso el mecanismo de formación de radicales libres para peróxidos orgánicos.

Este hecho se ha podido comprobar en varios casos reales, como un caso que se investigó y el cual se desarrolló por la noche ocasionando una muerte. El perfume perteneciente a una madre que había fallecido hacía unos 7 meses fue retirado de su lugar habitual y guardado junto con otras pertenencias en un cajón de uno de los muebles del comedor.